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La
Marca Ciudad del Vino es promovida por la Asociación
Nacional de las Ciudades del Vino que reúne a las ciudades
que dan nombre a un vino, que producen en el propio territorio
vinos de denominación de origen o que, de todos modos están
unidas al vino por historia, tradición y cultura, con la
finalidad de favorecer la promoción y la valorización de
los recursos ambientales, paisajísticos, artísticos, históricos
y turísticos de los territorios del vino comprendidos en
los más de 500 Municipios que adhieren.
La finalidad de las Cidudades del Vino es el de documentar la gran riqueza de productos, de tradiciones y de cultura de los propios territorios, promover su conocimiento y favorecer el crecimiento de la conciencia, también dentro de la misma, de representar un importante recurso, realizando una red de promoción permanente del sistema de la agricultura italiana de calidad, en Europa y en el mundo.
No
es casualidad que el vino toscano hable un lenguaje noble
y antiguo.
Simples agricultores y familias blasonadas por siglos se han dedicado a la cultivación de vides, la que se remonta al tiempo de los Etruscos que ya antes del siglo octavo antes de Cristo producían vino.
El paisaje regional y el de Colle di Val d’Elsa se ha modelado consecuentemente en el tiempo en función de las vides asumiendo características de extraordinaria y fascinante belleza, en una tierra de dulces colinas, de panoramas luminosos, de colores que se esfuman del ocre al verde.
A esta tradición se agrega un valor muy especial, que es el de la producción del cristal y en particular el cristal de mesa y más aún, el del vino y el de la degustación.
Las ciudades del Vino obran respetando un código de comportamiento que prevee la individualización dentro de su propio territorio de los sitios que históricamente han dado continuidad de uvas de vino preciado, permitiendo la elaboración de vinos de gran importancia cualitativa.
Tales sitios se identifican por su historicidad productiva, o bien por su unicidad en la producción debida a sus factores ambientales o variedades particolares, o por su exclusiva belleza en el paisaje.
De la misma manera las Ciudades del Vino individualizan las construcciones que constituyen verdaderos monumentos, proponiendo o realizando una precisa estrategia de búsqueda de la vocación cualitativa y de las prerrogativas histórico-culturales ligadas al vino.
Las ciudades del Vino garantizan la protección de dichos valores, a través de instrumentos de tutela ambiental y funcional y mediante los instrumentos urbanísticos más idóneos.
Web: www.cittadelvino.it
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